Acompañar la crisis perinatal: transitando la matrescencia como variante fisiológica

Astrid Vargas
Psicóloga Clínica Certificada en Salud Mental Perinatal

Hay una frase que se repite constantemente durante el embarazo y el primer año de vida de un bebé: “Tienes que estar feliz”, “Debes aguantar”. Esta afirmación impone la idea de que la maternidad solo debe vivirse con alegría, tapando cualquier muestra de malestar, miedo o cansancio. Así se construye la expectativa irreal de la "madre perfecta": una mujer siempre serena, dispuesta y capaz de hacer todo sola sin quejarse.
Sin embargo, cuando la realidad del día a día se impone, la experiencia psicológica de la maternidad resulta ser mucho más compleja. Detrás de las fotos sonrientes que se muestran en redes sociales, existe una tensión constante que la sociedad prefiere ignorar.
¿Cómo se ve esta tensión en la vida diaria? Se manifiesta en la mujer que llora mientras amamanta o está sola sin entender por qué no siente la felicidad que le prometieron; en la madre que revisa a cada rato si su bebé respira mientras siente culpa por extrañar su vida anterior; o en el agotamiento físico que la hace sentirse desconectada de sí misma.
A esto se le suma la soledad de criar en el contexto venezolano: con presiones económicas, con el impacto de la migración que nos dejó sin abuelas, hermanas ni tías cerca, y en una cultura de matriarcado donde muchas veces la figura paterna está ausente.
Ante este panorama, el entorno suele reaccionar juzgando. Se califica la tristeza de "depresión", la angustia como "debilidad" y el cansancio con comentarios que invalidan lo que la mujer siente. Esto genera un doble problema: el malestar natural de adaptarse a un bebé y la culpa por sentirse mal.
El error principal está en patologizar de inmediato cualquier malestar. Como vivimos en una cultura que exige productividad rápida y control, la vulnerabilidad molesta. Por eso, cualquier reacción que se salga de la idea de la "madre feliz" se califica rápidamente como un trastorno o se intenta ocultar, sin entender qué está pasando realmente a nivel psicológico.
La reestructuración psíquica: La matrescencia como variante fisiológica
Para entender qué vive una madre, hay que hablar de la matrescencia. La matrescencia es el proceso de transición biológica, psicológica y social hacia la maternidad. Es la reestructuración de la identidad más importante de la vida adulta de una mujer, equivalente a lo que ocurre en la adolescencia.
En esta etapa, el cerebro de la mujer cambia para enfocar su atención en la protección y el cuidado del recién nacido. Junto a esto, ocurre lo que en clínica llamamos transparencia psíquica: la mente de la embarazada o puérpera se vuelve más sensible y permeable. Salen a la superficie recuerdos de la infancia, duelos no resueltos y la relación con la propia madre. Esta sensibilidad no es una falla ni una debilidad; es un mecanismo de la biología para poder conectar y responder a las necesidades de un bebé que no habla.
Desde la teoría del Ciclo Vital, el embarazo, el parto y el posparto son crisis vitales normativas. Son momentos que rompen el equilibrio anterior para obligar a la psique a reorganizarse.
Por eso, defender la matrescencia como una variante fisiológica significa entender que la ambivalencia emocional, el llanto de descarga, el miedo o la necesidad de aislamiento no son síntomas de una enfermedad mental, sino respuestas normales de un sistema nervioso atravesando un cambio masivo.
El costo de no atender la salud mental materna
Ignorar lo que sienten las madres o exigirles que cumplan con expectativas irrealizables tiene consecuencias. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la prevalencia de trastornos mentales perinatales principalmente depresión y ansiedad alcanza casi el 20% en países en desarrollo.
Cuando el malestar materno se invisibiliza y la mujer se queda sola, aumentan los riesgos de desbordamiento y depresión severa. Además, si la madre no recibe apoyo, se le dificulta regularse emocionalmente, lo que termina afectando el vínculo con el bebé y su desarrollo.
¿Cómo podemos diferenciar en la práctica cotidiana una reacción normal de un cuadro que realmente requiere tratamiento? ¿De qué manera la creación de grupos terapéuticos puede ayudar a reducir este estrés?
Atender la maternidad no se trata de eliminar los problemas o exigir que la mujer pueda con todo. Se trata de entender los cambios reales de la matrescencia, validar sus emociones y ofrecer el acompañamiento psicológico y social que las madres y sus familias necesitan.

Astrid Vargas
Psicóloga Clínica Certificada en Salud Mental Perinatal

