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El Juego de Garrote y el sistema mundo moderno: “La cuestión de la modernidad” en Venezuela

Jesús Ramos

Jesús Ramos

Historiador y Maestro del garrote

El Juego de Garrote y el sistema mundo moderno: “La cuestión de la modernidad” en Venezuela
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El juego de garrote es una esgrima antigua, una defensa personal que ha existido y caracterizado a la sociedad venezolana al menos desde la segunda mitad del XVII. Quien realice estudios del mismo debe tener en cuenta las palabras de Matthias Röhrig[1]: “Cualquier discusión sobre los posibles orígenes de los juegos de palo en Venezuela se establece en un terreno extremamente movedizo”; en tal sentido, dar a esta práctica una fecha exacta o intentar determinar su ascendencia de una sola cultura o etnia, ya sea aborigen, Africana o Europea, es dar la espalda al carácter sincrético que identifica a las Sociedades Latinoamericanas.

A pesar de su origen indeterminado, es una práctica indiscutiblemente nacida de la conquista y colonización del continente hoy conocido como América, (a mi juicio) con gran influencia de las esgrimas de sable europeas que sirvieron para la dominación y exterminio de los pueblos aborígenes, por ende, contribuyente al surgimiento del moderno sistema mundo y el surgimiento y expansión de Europa como centro del colonialismo. Es indudable que los conquistadores poseían para el momento un avance tecnológico en lo que respecta a las armas y que resulta poco probable, o bastante inocente pensar que su dominio sobre las culturas Indígenas se debió a un proceso de evangelización pacífica, esgrimiendo una biblia. No por ello pretendo afirmar que el Juego de Garrote, tal como se conoce en la actualidad, es un producto fiel a algún sistema de lucha europea, ya que sus características actuales, tanto técnicas como estéticas, establecidas a través de varios siglos, presentan formas disímiles a otras esgrimas de garrotes propias de América, Europa o África.

Es importante destacar que el desarrollo de este tema no gira en el intento de establecer el origen del Juego de Garrote, sino transitar por la sociedad colonial y “postcolonial” identificando la categorización racial y el establecimiento de clasificación social y laboral que estructuró el espacio geográfico implantando un orden jerárquico, donde la cultura europea dominante se establecía en los centros urbanos y la periferia de estos centros se dividía en anillos que disminuían su importancia en la estratificación estamental a medida que se alejaban del mismo; siendo a su vez un eje de poder político, social y económico. A su vez, identificando a través de la realidad específica del Juego de Garrote, un “sistema mundo moderno” que emerge a partir de la “americanidad”, que se asentará o radicalizará con la creación de las repúblicas liberales y los modernos Estados Nacionales.

En tal sentido, evaluaré de forma hermenéutica algunos documentos de la historia del Juego de Garrote con la finalidad de dar nuevas miradas a esta práctica que debe ser considerada en un entramado cultural complejo, con realidades geográficas e históricas específicas. Algunos de estos documentos coinciden en que era una práctica común entre esclavos y campesinos, siendo a su vez extendido en gran parte del territorio venezolano el uso de garrote, machetes y cuchillos entre las armas más comunes. En la revista Memoria[2], se encuentra la siguiente publicación:

Gazeta de Caracas, viernes 22 de junio de 1810, tomo II, Nro. 92, p. 4.
A D. Domingo lopes se le han Huido dos esclavos nombrado Juan Josef, color zambo colorado, cara delgada, voz gruesa, canilla delgada y Josef María, color zambo, requemado, espaldudo, medio maneto, los dedos de la mano torcidos, hermanos, jugadores de garrote, y al último le faltan dos dientes: que se pagaran todos los costos. (p. 16)

Este aviso puede afirmar la tesis de Röhrig[3] que plantea en sus estudios contribuir a: “que el garrote sea en el futuro considerado parte integrante del campo de las artes marciales afro-americanas.” Sin embargo, esto sería obviar que el sistema social implantado: a) eliminó en gran medida las lógicas culturales de los dominados tanto indios como afrodescendientes, y estos a su vez copiaron por necesidad de minimizar la opresión a la que eran sometidos, las formas culturales de los opresores, generando a su vez los mestizajes culturales que Bolívar Echeverría[4] describe como “El Barroquismo En América Latina”. Y b) que existen otros factores importantes que considerar, como desenmascarar el mito creado de que la población esclavizada presente en la sociedad colonial solo tenía como oficio la agricultura. Según un artículo de la Revista Memoria[5] en el que se expone “La trata Negrera” y la condición de los esclavizados impuesta por la sociedad esclavista colonial:

“No todos y no siempre fueron usados exclusivamente en la agricultura (…) En el siglo XVII muchos formaron parte de “grupos de defensa” de los colonos (…) para ellos se tuvieron siempre los más duros oficios, incluido el de verdugo.”

En la lógica capital, el esclavizado en su condición de “no humano” reducido a mercancía adquiría mayor valor según su fenotipo u oficio que estuviera capacitado para desempeñar. Si el esclavizado presentaba una piel menos oscura que otros, tenía mayor valor; mientras más clara era su piel era más elevado su valor y se revalorizaba aún más si poseía conocimiento de diversos oficios. Obsérvese el siguiente documento[6] sobre un esclavo prófugo en el que se ofrecen “CINCUENTA PESOS DE GRATIFICACIÓN”:

El 28 de octubre del año próximo pasado se ha fugado de esta ciudad, un esclavo de la propiedad del que suscribe, y ofrece a la persona que lo capture cincuenta pesos de gratificación, y al que solamente diere noticia positiva de su paradero también se le gratificará con veinticinco pesos. El esclavo se llama Martín, de veintiocho a treinta años, zapatero, estatura pequeña, pelo rubio pasudo, carilarga, escaso de barba, algo barroso, color blanco, ojos rayados, un poco azules, se aplica al canto, a la guitarra, y también sabe jugar garrote. El Tocuyo, 4 de agosto de 1847, Miguel Anzola, Caracas 28 de agosto de 1847. El Liberal.

Paralelamente, en el mismo texto (Tiempos de Ezequiel Zamora) y en la misma página, se muestra otra publicación de búsqueda de un esclavo con la misma edad, pero el ofrecimiento por la captura son 25 centavos, siendo esta la mitad de la suma ofrecida por el esclavo anterior y la misma que se estima al que “diere noticia positiva” por el paradero de este esclavo llamado Martín; cuyo valor seguramente estaba ligado tanto a los oficios que se enuncian como a las características físicas que posee. A pesar de ello, debido a los intercambios étnicos biológicos y culturales que se originaron en Venezuela, no todo esclavo era negro y ni todo blanco era libre, aunque igual prevalecía (y prevalece) la discriminación racial y la estratificación estamental en el ámbito de las relaciones sociales, roles, actividades laborales y ocupación del espacio físico. Una lógica del sistema colonial eurocentrado.

Al respecto, Aníbal Quijano[7] comenta que:

...los pueblos conquistados y dominados fueron situados en una posición natural de inferioridad y, en consecuencia, también sus rasgos fenotípicos, así como sus descubrimientos mentales y culturales. De ese modo, raza se convirtió en el primer criterio fundamental para la distribución de la población mundial en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder de la nueva sociedad.

Otro aspecto que no se debe dejar de lado es que el espacio geográfico venezolano fue ocupado y conformado socialmente como consecuencia de una estructura económica adecuada a los medios y modos de explotación de la tierra y los recursos que generaban. A groso modo, se puede identificar tres estructuras primordiales de explotación: las plantaciones, haciendas y hatos, que producían dentro de sus espacios diversas prácticas económicas (haciendillas, conucos, pulperías, entre otras formas) derivando a su vez en construcciones culturales particulares. Las plantaciones eran mono productoras, con mano de obra esclava y se encontraban en la zona norte del territorio. Por ello, es allí en el norte costero donde se encuentran las poblaciones de mayoría afrodescendiente.

Es curioso cómo el mismo planteamiento que realiza Matthias Röhrig[8] respecto a la tesis de Eduardo Sanoja e Irene Zerpa[9], en la que presumen un posible origen del Juego de Garrote producto de las incursiones piratas en las costas venezolanas, funciona como un silogismo respecto a un posible origen africano. O sea que, si Röhrig afirma que “Aunque posible, esta hipótesis no explica por qué el garrote logró tanta popularidad en los Andes larenses, y no en el litoral frecuentado por los piratas” y como ya se explicó anteriormente, la mayor densidad de población afrodescendiente se encuentra en el norte costero del país, no se puede explicar por qué debe ser reconocido el Juego como un arte marcial afroamericana ya que su práctica no es extensa en estos espacios.

Efectivamente, Röhrig afirma que el juego de garrote posee una gran popularidad en la región centro occidental/andina y, según algunos otros documentos, en el llano venezolano y en los principales centros poblados de la época colonial gozaba de gran popularidad. También es conocido que el uso de garrotes como arma estaba extendido por casi todo el territorio. Ahora bien, en el proceso de intercambio interétnico biológico/cultural que se distinguió en los territorios llaneros y andinos, prevalecían (en la época colonial) las culturas aborígenes y europeas. Esto se puede apreciar en las prácticas musicales donde es escaso el uso de instrumentos de percusión propios de la cultura africana, predominando los instrumentos de cuerda y maracas, que aunque entran en el género de percusión son herencia de la cultura aborigen.

Respecto a la cultura del llano, germina producto de la adaptación del ganado vacuno al suelo del llano venezolano, que daba posibilidades para la explotación de pasto en grandes extensiones de terrenos, convirtiéndose en una estructura económica que giraba alrededor de la explotación ganadera. La conformación social que prevalece en estos espacios es la del terrateniente y el mestizo (entendiéndose como mestizo cruce biológico entre el blanco y el indio), ya que la población aborigen presentaba un gran descenso demográfico, siendo incluso forzados a buscar otras sabanas hacia el sur del territorio.

Este proceso generó en el llanero condiciones particulares, ya que su medio primordial de trabajo era el caballo, utilizado para el arreo, para el coleo, herrajes, traslado y para el combate, generando características muy particulares. Según lo descrito por un legionario inglés[10]:

“El montar a caballo es para los llaneros una segunda naturaleza; las marchas interminables que hacen los convierten en la más resistente caballería del mundo. Los caballos que montan están tan adiestrados que parecen formar un cuerpo con su dueño”.

El hombre y la mujer del llano construyeron una cosmovisión compleja, un tejido cultural que le dio el reconocimiento de particulares prácticas bravías, sin iguales en otras partes del mundo. Especialmente en su técnica de lucha, relacionada íntimamente con el caballo, combinando su técnica ecuestre al uso magistral de la lanza. Comenta también este testigo inglés de la guerra de independencia:

Tienen una notable agilidad y ejecutan cualquier maniobra con una rapidez prodigiosa; su única arma es la lanza, una lanza que tiene de 9 a 11 pies de largo, cimbreante, pero extremadamente fuerte, no se parece en nada a la que usa la caballería europea; es más bien como la cuchilla de una enorme navaja en cuya punta hay un acero cortante y bien templado, la sujetan a la muñeca con trenzados de cuero como de ocho pulgadas de largo; podríamos decir que el llanero nace con la lanza. De niño, los padres le fabrican pequeñas lanzas con las cuales, a fuerza de jugar, se van adiestrando.

Las reminiscencias de esta peculiar manera de combate a caballo, que estuvo al igual que el Juego de garrote extendida en casi todo el llano venezolano (digo casi todo el llano, ya que existen especificidades del llano centro occidental de Lara que lo hacía improductivo para la cría de ganado, siendo su producción de ganado caprino debido a la aridez del terreno, por tal motivo el uso de caballo no era tan común ya que sus prácticas eran de pastoreo), se pueden observar en el deporte nacional de “Los Toros Coleados”; sin embargo, contrariamente al Juego de Garrote, no conozco estudios ni reconocimiento de esta práctica como arte de combate venezolana, ni tampoco de grupos que la practiquen en la actualidad.

En resumen, estos espacios categorizados racialmente (centros poblados, plantaciones, haciendas, hatos, haciendillas, conucos, entre otros) serán el caldo de cultivo para que el Juego de Garrote florezca y tome las características que presenta actualmente. Los factores que posiblemente contribuyeron al surgimiento de esta práctica son: el proceso de mestizaje en las zonas periféricas de la sociedad colonial, el auge de una economía capitalista/colonial, la estratificación social y cultural de grupos de diversidad étnica (criollos, mestizos, esclavos, manumisos, mulatos, zambos, entre otros) que sincretizaron sus prácticas realizando aportes de sus costumbres a medida que asimilaban los elementos culturales de los dominadores, generando una mímesis que tomaría progresivamente un abolengo propio.

Ahora bien, como he venido planteando progresivamente, para poder comprender el surgimiento y características de las diversas prácticas culturales en Venezuela, ya sea en el orden religioso, político, danzario, económico, bélico o de otra índole, se debe tener en cuenta la relación dialéctica espacio/tiempo, espacio/humano y a su vez visibilizar estas realidades en estructuras económicas más complejas y dominantes surgidas a partir de la conquista y colonización, que van delineando las prácticas sociales y culturales concebidas a partir de una sociedad racializada:

“En otros términos, raza e identidad racial fueron establecidas como instrumentos de clasificación social básica de la población.”[11]


Notas al pie

  1. Para más detalles véase, Röhrig M. (1999). Juego de Palo en Lara. Revista de Indias. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Depto. De Historia de América “Fernández de Oviedo” Centro de Estudios Históricos. Vol. LIX Núm. 215. España. ↩
  2. REVISTA Memorias (Mayo 2010). Memorias de la insurgencia afrovenzolana. Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura / Centro Nacional de Historia / Archivo General de la Nación. ↩
  3. Röhrig M. (ob. cit.) (p. 59). ↩
  4. Bolívar Echeverría (2007). El Barroquismo en América Latina en: Vuelta de siglo. Fundación Editorial El perro y la rana. Caracas: Venezuela. ↩
  5. Memorias de Venezuela (2012). La trata Negrera. El Largo viaje de los bosques de Ébano en: Invasión Europea y resistencia ante el sistema colonial. Edición: Centro Nacional de Historia. Caracas: Venezuela. (pág. 52). ↩
  6. Tomado de: BRITO, F. (2009). Tiempo de Ezequiel Zamora. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Fundación Imprenta de la Cultura. Caracas: Venezuela. (p. 184). ↩
  7. Quijano, A. (2014). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina en: Cuestiones y horizontes: de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Buenos Aires: CLACSO. ↩
  8. Matthias Röhrig (ob. cit.) (p. 60). ↩
  9. SANOJA E. y Zerpa I. (1990). El Garrote en Nuestras Letras. Caracas: Miguel Ángel García e Hijo, S.R.L. ↩
  10. Caracciolo Parra Pérez en: ACOSTA Saignes, M. (2009). BOLÍVAR: ACCIÓN Y UTOPÍA DEL HOMBRE DE LAS DIFICULTADES. Caracas: Editorial El Perro y la rana. (p. 213). ↩
  11. Quijano, A. (ob. cit.) p. 780. ↩

Referencias bibliográficas

  • ACOSTA Saignes, M. (2009). BOLÍVAR: ACCIÓN Y UTOPÍA DEL HOMBRE DE LAS DIFICULTADES. Caracas: Editorial El Perro y la rana.
  • Bolívar Echeverría (2007). El Barroquismo en América Latina en: Vuelta de siglo. Fundación Editorial El perro y la rana. Caracas: Venezuela.
  • BRITO, F. (2009). Tiempo de Ezequiel Zamora. Caracas: Fundación Imprenta de la Cultura.
  • ECHEVERRÍA, B. (2007). Vuelta de Siglo (ensayos). Fundación Editorial el perro y la rana. Caracas: Venezuela.
  • MEMORIAS de Venezuela (2012). La trata Negrera. El Largo viaje de los bosques de Ébano en: Invasión Europea y resistencia ante el sistema colonial. Edición: Centro Nacional de Historia. Caracas: Venezuela.
  • REVISTA Memorias (Mayo 2010). Memorias de la insurgencia afrovenzolana. Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura / Centro Nacional de Historia / Archivo General de la Nación.
  • RÖHRIG, M. (1999). Juego de Palo en Lara. Revista de Indias. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Depto. De Historia de América “Fernández de Oviedo” Centro de Estudios Históricos. Vol. LIX Núm. 215. España.
  • SANOJA, E. y Zerpa, I. (1990). El Garrote en Nuestras Letras. Caracas: Miguel Ángel García e Hijo, S.R.L.
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