La estética del trauma: Cuando el cuerpo crea lo que las palabras no pueden decir

María Natalia Ruíz
Doctoranda en Psicología, directora FUNVEPSIARTE

Muchas veces pensamos que hemos olvidado una experiencia porque no la recordamos, sin embargo nuestro cuerpo puede seguir respondiendo, respiramos distinto, caminamos más rápido, nos cuesta relajarnos, sentimos un nudo en el estómago sin una explicación aparente. La memoria no vive solamente en los recuerdos que podamos contar, también vive en la postura, en la respiración, en la forma en la que habitamos el espacio.
Sin duda hay experiencias que podemos contar, hay otras que, cuando intentamos narrarlas, se quedan detenidas en algún lugar entre la garganta y el cuerpo. Quizás por eso, frente a determinadas experiencias traumáticas, preguntar “¿qué pasó?” no siempre es suficiente. A veces la respuesta aparece antes como una sensación, una imagen, un movimiento, un silencio, una tensión corporal, una repetición o incluso como una necesidad urgente de crear.
El trauma no se reduce únicamente aquello que ocurrió, también importa aquello que la experiencia dejó en la manera de sentir, recordar, relacionarse y habitar el propio cuerpo. Desde una perspectiva contemporánea, distintos modelos han explorado precisamente esta dimensión encarnada de la experiencia traumática y la dificultad que puede existir para traducirla completamente a un relato verbal (Malchiodi, 2020; van der Kolk, 2014).
Entonces desde la Psicología del Arte nos preguntamos: ¿Qué sucede cuando aquello que no puede decirse encuentra otra forma de expresión?. Una imagen puede aparecer antes que una explicación, un movimiento puede expresar algo que todavía no tiene nombre, un sonido puede contener una emoción difícil de organizar, una página puede recibir aquello que no conseguimos decirle a nadie. Esto no significa que el arte sea, por sí mismo, una cura para el trauma, tampoco significa que toda experiencia artística sea psicoterapia. La diferencia está en el encuadre, la intención clínica, la formación profesional y la manera en que la experiencia creativa es acompañada.
Aquí es donde aparecen nuevas posibilidades, la Psicoterapia Expresiva busca ampliar los lenguajes disponibles para entrar en contacto con la experiencia humana, reconociendo que la palabra no es el único camino. Cuando hablamos del cuerpo en psicoterapia buscamos reconocer que nuestra historia también se experimenta corporalmente, sin buscar reducir la experiencia psicológica a sensaciones físicas.
La investigación sobre intervenciones corporales y de movimiento en personas con Trastorno de estrés post traumático (PTSD) ha encontrado resultados prometedores, aunque con una heterogeneidad considerable entre estudios y tratamientos (Van de Kamp et al., 2023). De manera semejante, revisiones recientes sobre terapias artístico-creativas encuentran señales de beneficio, pero también resaltan la necesidad de estudios más rigurosos y protocolos mejor definidos (Baker et al., 2018; Maddox et al., 2024).
Esta cautela científica no debilita la propuesta, al contrario nos invita a formular mejores preguntas de investigación. Porque quizás una de las preguntas más interesantes no sea solamente si una persona “mejora” después de crear, sino qué sucede durante el proceso de creación ¿Qué aparece? ¿Qué se transforma? ¿Qué puede ser visto por primera vez? ¿Qué puede comenzar a ser nombrado después de haber sido representado?.
Entonces aparece la palabra estética, pero no porque estemos hablando de belleza, sino de forma. De cómo una experiencia adquiere una configuración cuando intenta hacerse visible, y aquí aparecen otras palabras: fragmentación, vacío, repetición, movimiento, silencio, color, textura, imagen. La creación sin duda puede convertirse en un territorio intermedio entre la experiencia y su significado, un lugar donde aquello que todavía no puede organizarse como relato puede comenzar a ser observado, compartido y elaborado.
La Psicología del Arte comienza precisamente allí, cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué significa una experiencia y nos permitimos preguntarnos cómo se siente, cómo se mueve, qué imagen tiene, qué sonido produce y qué forma necesita para poder ser mirada. Quizá el trauma no siempre necesita ser explicado inmediatamente, a veces necesita primero encontrar un lugar donde pueda ser sostenido con otras posibilidades como una forma, un cuerpo, una imagen, un movimiento, un espacio de presencia, y tal vez allí, en ese instante en que algo que permanecía sin palabras comienza a tomar forma, entonces es cuando empieza a surgir la posibilidad de transformar la experiencia sin dejar de reconocerla.
Referencias
- Baker, F. A., Metcalf, O., Varker, T., & O'Donnell, M. (2018). A systematic review of the efficacy of creative arts therapies in the treatment of adults with PTSD. Psychological Trauma: Theory, Research, Practice, and Policy, 10(6), 643–651. https://doi.org/10.1037/tra0000353
- Maddox, G. A., Bodner, G. E., Christian, M. W., & Williamson, P. (2024). On the effectiveness of visual arts therapy for traumatic experiences: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology & Psychotherapy, 31(4), e3041. https://doi.org/10.1002/cpp.3041
- Malchiodi, C. A. (2020). Trauma and expressive arts therapy: Brain, body, and imagination in the healing process. Guilford Press.
- Van de Kamp, M. M., Hovens, J. E., Hovens, J. G. F. M., & van den Hout, M. A. (2023). Body- and movement-oriented interventions for posttraumatic stress disorder: An updated systematic review and meta-analysis. Journal of Traumatic Stress, 36(5), 835–848. https://doi.org/10.1002/jts.22968
- Van der Kolk, B. A. (2014). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma. Viking.

María Natalia Ruíz
Doctoranda en Psicología, directora FUNVEPSIARTE

